ACV y Musicoterapia

Un ACV, o accidente cerebrovascular, es cuando se corta el flujo de sangre a una parte del cerebro o hay una hemorragia ahí. Hay dos tipos principales: el isquémico,  y el hemorrágico.

En un ACV, se trabaja según las secuelas de cada persona. Para las dificultades en  el habla, se puede usar el canto o ejercicios de ritmo para generar  fluidez, Para el movimiento, se trabaja con ritmos  para ayudar a caminar o coordinarse.

Toda la terapia mejora  el estado de ánimo, porque atravesar un ACV puede ser muy dificil y en ese vinculo  de desarrolla la confianza y la alegría de ir mejorando poco a poco. Siempre es un trabajo en equipo con médicos y los demas terapeutas: (kinesiólogos,psicólogos, terapia ocupacional, fonoaudiologos)

Tony bennett y el Alzheimer

En agosto de 2021, Tony Bennett, diagnosticado con Alzheimer en 2016, compartió escenario con Lady Gaga en el Radio City Music Hall de Nueva York. A pesar de las dificultades asociadas a la enfermedad, Bennett conservaba una capacidad notable para interpretar las canciones que había cantado durante décadas, manteniendo su fraseo y su expresividad musical. Aquellas presentaciones dejaron un testimonio conmovedor del vínculo entre la música y la memoria.

Esa experiencia nos permite reflexionar sobre el papel de la musicoterapia en personas con Alzheimer.

A través del canto, el ritmo, la melodía y el movimiento, la musicoterapia trabaja el lenguaje y la comunicación, estimulando la expresión verbal y la evocación de palabras. También interviene en las funciones cognitivas y la memoria, favoreciendo la atención y la evocación de experiencias significativas.

En el estado de ánimo, promueve momentos de disfrute y participación que contribuyen a la calidad de vida. Y, en el área del movimiento, estimula la coordinación y la participación corporal.

De este modo, la musicoterapia se integra al tratamiento interdisciplinario, sin reemplazar los abordajes médicos, pero proponiendo una herramienta terapéutica creativa y específica.

La musicoterapia no solo trabaja con las dificultades que puede implicar el Alzheimer, sino que también valora las capacidades que se conservan y las posibilidades de expresión, comunicación y disfrute que todavía existen.

Musicoterapia: Cantarle a la panza de mamá

El sistema nervioso del bebé comienza a formarse en las primeras semanas de gestación, y con el paso de los meses sus estructuras van madurando de a poco.

El sistema auditivo, aunque al principio es inmaduro, eh empieza a formarse durante las primeras etapas del embarazo. Cerca de la mitad de la gestación, el bebé ya empieza a percibir sonidos, sobre todo los que provienen del interior del cuerpo materno.

Hacia la semana 24, esa capacidad se desarrolla aún más y el bebé puede percibir sonidos del entorno. Por eso, cantarle, hablarle, nombrarlo y compartirle canciones de cuna son maneras sencillas de comenzar a construir un vínculo a través de la voz y de la música. La voz materna tiene un lugar especialmente significativo, pero también la voz paterna y las de otras personas cercanas pueden formar parte de este universo sonoro.

Después del nacimiento, algunos de esos sonidos pueden resultarle familiares al bebé.

De ese modo, la música no funciona solamente como un estímulo sonoro, sino también como una forma de encuentro y de comunicación afectiva.

Esto no solo aporta sensaciones de continuidad y seguridad, sino que también conecta con la música como una de las primeras formas de vínculo y de cultura humana que vamos incorporando.

Así, la música puede acompañar al bebé incluso antes de nacer, siendo una de las primeras formas de comunicación y de acercamiento al mundo que lo espera.

Musicoterapia y El paisaje sonoro

El paisaje sonoro es un concepto que propuso el compositor y educador canadiense R. Murray Schafer a fines de los años 60. Se refiere al entorno acústico que nos rodea, es decir, el conjunto de sonidos que forman parte de nuestra vida cotidiana.

El libro El paisaje sonoro (The Soundscape, 1977) es una obra clave para entender cómo escuchamos el mundo y el valor de cada sonido. Schafer analiza cómo el entorno acústico fue cambiando con la industrialización, el crecimiento de las ciudades y los avances tecnológicos, y cómo la proliferación de sonidos mecánicos transformó nuestra relación con el ambiente. Señala la importancia de prestar atención a los sonidos que nos rodean y de reflexionar sobre cómo construir un ambiente acústico más saludable.

Uno de sus aportes centrales es la importancia de entrenar una escucha consciente, no reducirse simplemente a oír, sino a aprender a reconocer, distinguir e interpretar los sonidos del entorno. Escuchar con atención nos permite descubrir aspectos del mundo que suelen pasar desapercibidos. Schafer propone reflexionar sobre cómo mejorar nuestro entorno acústico, recuperando sonidos significativos, preservando aquellos que forman parte de la identidad de una comunidad y promoviendo una relación más consciente con el silencio y con el sonido.

En síntesis, Schafer nos invita a escuchar el mundo con mayor atención

¿Qué relación podemos establecer con la musicoterapia?

Desde la musicoterapia, estas ideas ofrecen una perspectiva especialmente interesante: el paisaje sonoro de una persona también forma parte de su historia y de su identidad.

Conocer los sonidos que acompañaron su infancia, los lugares donde vivió, las voces de su familia, la música que escuchaba y los ambientes que frecuentaba permite acercarnos a sus experiencias y recuerdos.

No es lo mismo crecer en un pueblo, cerca del mar, en la llanura o en la montaña. Cada lugar tiene sus propios sonidos, y todos dejan huellas en nuestra experiencia.

Por eso, explorar el paisaje sonoro de un paciente no consiste solamente en conocer qué música le gusta. También supone indagar en su universo acústico personal: los sonidos cotidianos, las voces significativas, las canciones familiares y las experiencias sonoras que dejaron huellas en su vida.

Esta exploración puede abrir nuevas posibilidades de comunicación, expresión y encuentro dentro del proceso terapéutico.

 

 

La primer entrevista en Musicoterapia

Un primer encuentro para conocernos y comenzar un camino juntos. En esta primera sesión, recibo al paciente y, cuando corresponde, a sus familiares. En el caso de niños, niñas o adolescentes, la presencia de su familia es fundamental para conocer su historia y sus necesidades. Las personas adultas mayores también pueden venir acompañadas, si así lo desean. Durante la entrevista, busco conocer las dificultades o limitaciones que motivan la consulta, ya sean motrices, cognitivas, comunicativas o del lenguaje. Mi mirada no se limita al diagnóstico. Busco conocer a la persona en su totalidad: su historia, sus experiencias, su identidad. Por eso, charlamos sobre su recorrido de vida, su terruño, sus lugares importantes. Me interesa conocer su paisaje físico y sonoro. ¿Qué lugar ocupaba la música en su familia? Se cantaba en su casa? ¿Se escuchaba radio? Había alguien que tocaba un instrumento? Estas preguntas permiten descubrir la relación que cada persona ha construido con la música. Pero esta primera sesión no es solamente para conversar y recopilar información. También es importante que el paciente y su familia puedan conocer el espacio de trabajo, los instrumentos y mi manera de acompañar. Quiero que puedan sentirse cómodos y reconocer si este espacio puede acompañarlos en su proceso. La confianza se empieza a construir desde este primer encuentro. Por eso, propongo alguna actividad musical compartida. Puede ser cantar una canción, explorar un instrumento de percusión, tocar una guitarra o un teclado, o simplemente participar de un juego sonoro. No se trata de saber música ni de ejecutar correctamente un instrumento. Lo importante es explorar, expresarse y compartir, respetando los tiempos, las posibilidades y los intereses de cada persona. A través de un ritmo, una melodía, un sonido o un silencio, pueden surgir formas de comunicación que no dependen exclusivamente de las palabras. Cada persona se acerca a la música de una manera única. Por eso, las propuestas se adaptan a sus posibilidades y necesidades. Esta primera sesión es una invitación a conocernos desde una mirada integral, que contemple tanto las dificultades como los recursos, intereses y posibilidades de cada persona. Porque antes de comenzar un tratamiento, necesitamos encontrarnos, conocernos, escucharnos y descubrir qué podemos construir juntos. Ese es el sentido de una primera sesión de musicoterapia.

El poder evocativo de la música y la Musicoterapia

Como un perfume o un aroma de un plato que comías en la infancia. el poder educativo de la música. del sonido es muy poderoso.
Esta cualidad, este anclaje emocional, es una herramienta fundamental en el trabajo músicoterapéutico.
En distintas situaciones donde el paciente está imposibilitado de llevar adelante distintas acciones que implican una simultaneidad de diferentes habilidades o capacidades, la aparición de esa música, de estos sonidos, puede ir generando una energía psíquica – emocional que colabora muchísimo con el tratamiento.
La música de la niñez o de los primeros años de vida. la música que se escuchaba «en casa», los sonidos de los juegos grupales, los bailes y sus canciones, lo que cantamos y escuchamos de jóvenes y de adultos…
Todos estos sonidos pueden, habiendo indagado en la primer entrevista con el paciente y la familia, ser utilizados para promover situaciones de trabajo terapeutico en las sesiones de musicoterapia.